Cierre Blog La Carlota.

Cierre Blog de La Carlota - 11 de Junio del 2011. Los comentarios publicados durante todos estos años pueden verse pinchando en cada uno de los posts. Hasta siempre, carloteñas y carloteños.
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de junio de 2011

Las calles de mi pueblo.

Por Inmaculada.

Mi hermana suele venir, todas las Semanas Santas al pueblo. Es una forofa de su pueblo al que siempre gusta venir, pateando y saludar a sus gentes a las que aprecia bastante y vía telefónica se interesa continuamente por el discurrir de sus vidas.
Este año cuando vino en Semana Santa, sólo lo hizo por 3 días y uno de ellos, me pidió ir a pasear por zonas nuevas de nuestro pueblo.
Conforme íbamos paseando leía en voz alta los nombres de las calles por las que pasábamos: Tomás González Carvajal, Antonio Cerón, Manuel de Sousa, Miguel de Ondeano, Joaquín Cadiou, Polo de Alcocer...
Y así una y otra hasta que enmudeció y puso un gesto de tristeza. A mí me sorprendió porque ella es de carácter alegre y locuaz.

En principio, mientras seguíamos caminando, yo respetaba su silencio, pero de pronto lo rompí y le pregunté: ¿Qué te pasa hermana?, ibas leyendo en voz alta el nombre de estas calles y de pronto has enmudecido y no has dicho nada, al principio me preguntaba. ¿Y quién es Tomás González Carvajal?. ¿Y quién es Antonio Cerón?. ¿Y quién es Manuel de Sousa y quién es...?; y así hasta que has entrado en un mutismo absoluto. Yo siento no conocer a los personajes, cuyos nombres van en las calles y tampoco puedo decirte que connotaciones tienen con nuestro pueblo.

Y ella me exclamó muy compungida: Cada vez que vengo al pueblo y paseamos voy mirando los nombres de las calles y siempre lo hago esperando encontrarme con nombres de personajes emblemáticos de nuestro pueblo.

Vengo con la ilusión de ver algunos calles y plazas con los nombres de: Plaza Rafael Cruz “el Mono”. Barbero de nuestro pueblo de niños, jóvenes y mayores. Simpático, cariñoso, servicial y solidario con todos los necesitados, acudiendo rápido ante cualquier emergencia para ayudar y además un mecenas de los estudiantes, dentro de sus posibilidades. Un gran lector on el que podías de cualquier tema, eso sí, prestándole mucha atención por la rapidez con la que hablaba, con un gran sentido del humor a pesar de los palos que le había dado la vida y muchas cosas más y todas buenas que se podrían decir sobre él, que le hacen merecedor de una calle o plaza con su nombre.
Asentí y le di la razón y pensé que cómo no se nos había ocurrido a nadie proponer al Ayuntamiento una calle con su nombre, o a lo mejor alguien lo había hecho y no se lo tuvieron en cuenta.


Seguimos caminando y me interpeló de nuevo:
¿Y qué me dices de alguna calle o plaza que llevara el nombre de "c\ Palmero y sus muñecos”, aquel ventrílocuo que era la única persona que alegraba nuestra infancia y la de los niños de las aldeas, con sus muñecos: “La Pepa y el recluta”.
¿Y por qué no el nombre de una calle, a “María, la confitera”?. Única mujer que endulzó nuestra infancia con sus caramelos malvavisco.
¿Y una calle llamada “Calle del sombrerero”?, que baja para el cementerio, gran artesano que hacía todos los sombreros que lucían sobre sus cabezas los hombres de nuestro pueblo.
Y una plaza llamada plaza de “Lola, la de Paco Mandique”. Mujer sufridora y trabajadora de matancera, planchadora, lavandera, etc. y maltratada durante toda su vida.

Y así podría seguir hermana, poniéndole nombres a calles de nuestro pueblo “Calle de La Niña Justa”, “Calle de Juanita, La Puenca” y “Calle de Antonio, el Sorámbulo”, que junto con Curro eran las 2 únicas personas que vendían arropías en nuestro pueblo cuando éramos niños. Esos fresquitos altramuces, medidos con una pasera con agujero y luego con su cominito correspondiente.

Así tendría un sinfín de nombres de personas que han hecho mucho bien por nuestro pueblo y se han ido sin que nadie les haga un pequeño reconocimiento y homenaje por lo mucho que han representado para nuestra generación y otras muchas más desde la postguerra hasta el 2.000 y pico. Por cierto, que en otra ocasión os contaré lo que nos ocurrió en Sevilla en el Parque Mª Luísa, siendo unas niñas con el caminito de Sarámbulo. Pero eso será otro día.

miércoles, 1 de junio de 2011

Aldea Quintana 2/3.

Continuación del nuevo reportaje, ‘Aldeas’, que profundiza en el colegio Ana de Charpentier, el polígono industrial, los juegos de antaño, las festividades, tradiciones y la historia de la Aldea Quintana.

sábado, 14 de agosto de 2010

La muñeca chochona

Por Chester

Este es un artículo que apareció publicado en la edición de Málaga de ayer Viernes, 13 de Agosto de el diario El Mundo. Habla sobre un vecino de La Carlota que falleció mientras instalaba su tómbola en el Real de la Feria de Málaga. El artículo lo firma el periodista Francis Mármol y descubre algo que me ha dejado perplejo, y es que este hombre fue el inventor de la muñeca chochona, un símbolo de las ferias de toda España en la década de los 80:


La vida es una tómbola que a veces se vacía de luz y de color y en la que toca perder. Eso andan pensando los familiares de Manolo Fernández, un feriante "echao palante" que el pasado martes sufrió un infarto y dejó sin instalar en el Real de la Feria de Málaga su famosísima tómbola del Cubo.

Fernández, al que se le conocía cariñosamente como 'Manolo el Loco' en las ferias, el inventor de la muñeca Chochona, de su nombre de pila, y de aquel estribillo que llevan tatuado a fuego todos los niños nacidos en los ochenta "y otra, y otra y otra muñeca Chochona".

Cuentan que en aquella Feria de Sevilla en la que tuvo la ocurrencia vendió hasta dos camiones cargados de esta muñeca. Entonces las tómbolas eran un negocio duro pero más rentable y la familia giraba contenta durmiendo en las entrañas de su juego ambulante de cartas y boletos con premio sin horarios ni miedo a las carreteras secundarias.

Este prototipo de tombolero a prueba de fatigas y esfuerzos de todos los colores vivía su segundo matrimonio y tiraba tras de sí de una familia grande. Todo el mundo lo conocía en estas caravanas de feriantes y se decía que tenía un gran carisma y sabía verle siempre el lado positivo a la vida.

Su invención había llegado a tal punto que hasta en Facebook se había creado una plataforma de apoyo a aquel bautizo de su ingenio y ya hay un reguero de palabras de apoyo a su desgraciado final. La otra tarde en la que cayó fulminado en un esfuerzo al montar su caseta, le había dicho a su hijo que él se encargaba del montaje que se fuera a descansar, pues éste venía de otra ciudad agotado. Su corazón quedó vencido en Málaga, muy cerca del mar que adoraba.

Este sábado volverá a abrir su caseta –"no tenemos más remedio", cuentan sus familiares- con toda la tristeza del mundo ante la ausencia del patriarca. Uno de los más cariacontecidos de la familia es Bernardo Losada, de poco más de dieciocho años, que apuntado desde hace solo dos temporadas a la turné, cuenta que la vida en una tómbola no es una fiesta permanente. Él llego a este mundillo por la habitual endogamia del gremio, su hermana Beatriz, emparentó con el hijo del desaparecido.

"Hoy día se está notando mucho la crisis. En Málaga por ejemplo un negocio de este tipo puede pagar hasta 12.000 euros de permiso, viven de ella hasta siete personas y los gastos y el género cuestan mucho dinero" , objeta, aunque en su caso las ferias le hayan reportado una salida profesional ajena a sus estudios de informática.

martes, 25 de mayo de 2010

Jugar en la calle.

Como una vieja canción. Hay pequeñas cosas en la vida de La Carlota que van muriendo con el paso del tiempo, generación tras generación. Como coger una silla y reunirse con los vecinos en la calle. Cortando las alas, impidiendo que se abran, al crecimiento, a la rebeldía y la imaginación de los más pequeños. Como concluía la mujer del tercer vídeo de El Garabato. Hemos ido perdiendo los juegos tradicionales, y más preocupante todavía, el valor de aquello que teníamos. Tenemos de todo. Mayores son las comodidades. Tanta tecnología, redes sociales, videoconsolas obstruyen la amistad. A relacionarnos.


Quedar en Las Malvinas, la plaza de la Iglesia, la plaza del Hambre o en el barrio de las piscinas. Una parte de la infancia de cada uno. Lugares que van vaciándose y son ocupadas por discotecas. Ir por los caminos con la bici, aventurarse, pegar balonazos a la fachada de una casa hasta que saliera la vecina a echarte la bronca, noches de gatos… Si el tiempo acompaña, la muchachada vive el presente, improvisa como siempre hemos hecho, coge la bicicleta, hacer skateboard o juega a fútbol en el césped del parque de la Redonda de la Fuente Nueva a pesar de las limitaciones.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Adiós a un santuario.

Hará cosa de unos meses, y por todos es bien sabido, el Disco-pub La Esquina cerró sus puertas para siempre. Es preferible no hacerse ilusiones. Después de muchos años, sus propietarios colgaron el cartel de 'Se traspasa'.

Sin embargo, más allá de ser un negocio, para muchos fue un segundo hogar, y quien sabe, incluso el primero. Un lugar donde evadirte, donde reencontrarte con tus amigos, un centro de reunión, un espacio donde pasarlo bien y disfrutar. Porque en el fondo, más allá de ser un bar, había unas personas -nosotros- y unos recuerdos que hicieron un hueco en nuestras gargantas y corazones en ese rincón hasta hacerlo nuestro.

Mayor prueba de ello, es que cada uno de los que entramos ahí, tiene un anécdota o miles de lo que ha significado para él o para ella La Esquina. Es más, famosa aquella frase que más de uno habremos pronunciado: "quedamos en La Esquina y subimos pa' arriba", y sobre todo, cuando era feria. Esas copas que nos habremos tomado, el tablón de las fotografías, las partidas a la máquina del dedo o al Pro Evolution, la cantidad de camareros que habrán pasado por ahí, las parejas que habrán llevado su amor a cada una de sus mesas, y tantas, tantas cosas que han sucedido allí. Tantos recuerdos que habrá formado ese bar.


Y lo más importante, esos partidos de fútbol. Eso no volverá a ser lo mismo, ¿dónde veremos la Eurocopa?. ¡Ésos mundiales!, en los que todos los que estábamos ahí dentro, teníamos algo que decir, que gritar y vivir. ¿Dónde veremos el fútbol?, ¿dónde echáremos las cáscaras de las pipas?... El fútbol no volverá a ser lo mismo. Nuestras vidas tampoco.
Porque cuando se cerraron sus puertas, todo acabó. Como si nos hubieran quitado algo nuestro, algo que nos pertenecía. Ese pedacito de nuestro corazón.