Este hecho origina varios inconvenientes graves. Todos relacionados entre ellos y con un único fin, el malestar de los vecinos de esa calle.
A partir del número 33 y los impares posteriores, no tienen alumbrado municipal y viven en la oscuridad absoluta, ya que el Ayuntamiento de La Carlota y los responsables oportunos (urbanismo, promotoras, constructoras...) no se hacen cargo de esta situación. Los vecinos no tienen una mísera farola que los guíe y los proteja hasta su casa; y más teniendo en cuenta, los hurtos que han sufrido en esa calle y en los propios domicilios.
