Por María.
En las plazas de más solera de nuestro querido pueblo carloteño, como la canción de Los Delinquentes ‘…sentimiento garrapatero…', nosotros carloteños. Habitan esas mujeres entradas en años que viven plácidamente de su jubilación y horas muertas. Su modus operandi consiste en salir de casa tras haber echado al marido con la escoba ‘vete que estoy barriendo’, saludan a la Pepi, compran en la Loli, hablan con la panadera, se toman el cafelito con las amigas y hacen el último recado en los Martínez.
Tras dejar la comida servida al regimiento familiar, que ni hace ni deshace, como dicen ellos para no molestar en casa. Es cuando, amas y señoras de lo suyo o como lo llaman para sus adentros de afuera, salen arreglar y cuidar sus árboles que tengan delante de su puerta, que propiamente dicho, no son suyos, sino que el Ayuntamiento ha plantado para dar colorido a las plazas de cemento. Es decir, que son de todos porque hemos pagado nuestros impuestos, pero tampoco son nuestros. No nos repartimos las ramas en ferias y congresos. Una pa’ ti, otra pa’ mí. Para que nos entendamos, que es como Hacienda, que ni todos somos todos, ni uno somos todos.
En cambio, para las reinas el sentido de la propiedad es superlativo. Recuerdo mi infancia que a más de un amigo le cayó un broncazo por darle un balonazo a su árbol, que si lo habíamos partido, que si habían caído unas hojas y que iba a llamar a los municipales. Fueras a tocárselo cuando ella no estuviera por guarrear el ambiente, que de momento salía por la puerta, porque había estado vigilando desde la ventana.
En cambio, para las reinas el sentido de la propiedad es superlativo. Recuerdo mi infancia que a más de un amigo le cayó un broncazo por darle un balonazo a su árbol, que si lo habíamos partido, que si habían caído unas hojas y que iba a llamar a los municipales. Fueras a tocárselo cuando ella no estuviera por guarrear el ambiente, que de momento salía por la puerta, porque había estado vigilando desde la ventana.
Los buenos servicios comunitarios, ¿freelance o subcontratas encubiertas?, que prestan desinteresadamente al municipio en la jardinería podrían servir para ahorrar dinero al Ayuntamiento de La Carlota que mantiene a una plantilla amplia de jardineros para tan poco verde.
5 comentarios:
Yo no lo he vivido.
Mucho jardinero...
Aun así se nota la escasez de los mismos jardineros, aun diga que son muchos jardineros para tan poco verde quizá María no te hayas dado cuenta que vivimos en un pueblo y sus diez aldeas con su follaje y más follaje, quizá por eso de tanto follaje tanto soplapollas.
María: Agradezco tu esfuerzo por escribir en el blog tus inquietudes, pero personalmente me ha parecido una estupidez de artículo; y, para colmo, peor redactado todavía comparado con los del amigo Jordi.
Lo siento, tenía que decirlo.
@Elwood Blues,
ya sabes... si quieres escribir tus inquietudes, blogdelacarlota@gmail.com
Son artículos curiosos.
También hay que saber leerlos.